Mostrando entradas con la etiqueta Zygmunt Bauman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zygmunt Bauman. Mostrar todas las entradas

22 de enero de 2011

Romper el círculo vicioso

Retomo los apuntes sobre estudios culturales y me vuelvo a encontrar con Bauman, cuyo libro Comunidad fue para mí uno de los grandes descubrimientos del último trimestre del año pasado. En un bello pero tremendo capítulo titulado Tiempos de desvinculación asegura que el eje fundamental en torno al que giraba el resto de la vida, el trabajo, se ha roto. No se puede confiar en él, y no es lo único que se desmorona. Toda la vida social "parece encontrarse en un torbellino... (en el que) nada permanece lo bastantes como para adaptarse plenamente a ello". Se han acabado "la mayoría de los puntos de referencias constantes". Así, la existencia de la comunidad es imposible, ya que las incertidumbres ante el futuro "no unen a los que sufren: los separa y los aísla". Por ello, "la decadencia de la comunidad... se perpetúa a sí misma: una vez que se inicia, hay cada vez menos estímulos para contener la desintegración de los lazos humanos".
Esta es, creo, la gran cuestión del siglo XXI: cómo romper esos círculos viciosos que hacen que nuestras comunidades degeneren cada vez más en meros agregados de individuos, cómo podremos -si es que podemos todavía, que tenemos que poder- poner en marcha proyectos colectivos. No es fácil para personas educadas en la poca resistencia a la frustración y en el culto a las cosas y desencantadas de todos los ismos habidos y por haber.
De entrada, la reflexión de Bauman creo que debería invitarnos a rechazar de plano aquellas propuestas de organización social basadas en maniqueísmos y dinamitación de puentes de diálogo entre opciones políticas, culturas e individuos. Tristemente, la vida pública actual nos da cumplidos ejemplos de justo lo contrario. Pero, seguramente, para que cambien nuestros supuestos líderes tendremos que cambiar nosotros primero. ¿O será al contrario?
En fin, imaginemos que todo esto es posible.


7 de enero de 2011

Noche de Reyes

Mi amor me regala libros. Sabe que me gustan, que amo su alma de negro sobre blanco; la música extraña de sus palabras, que se transforma en imágenes y sueños. Impaciente, después de amar a mi amor, me vuelvo hacia los libros que, traídos hasta mí por ella, se han vuelto también una extensión suya. Y en los libros y en ella amo más la inaprensible esencia de la vida. Una vida que ella y los libros hacen más honda, más sentida, más densa, más sensualmente viva.

Mis padres me enseñaron a dar gratis lo que se recibe gratis. Haciendo honor a su lección de vida, quiero daros gratis algo de esa vida que ella y sus libros me dan. Algunas cosas, evidentemente, no se pueden compartir, ni tan siquiera mencionar. Otras no son tan secretas, y merecen (casi deben) ser difundidas.

Por eso, aquí os dejo algunos retazos de vida que en esta Noche (insomne y lectora) de Reyes me han regalado ella y sus libros.

Haz mucho el bien
y después tíralo al río.
Aunque los peces lo ignoren,
Dios lo sabrá.
(Amadou Hampaté Ba, en Cuentos de los sabios de África)

Numerosos viajeros espirituales,
seres a ratos perdidos, a ratos
demasiados solos o sencillamente preocupados
por sortear un obstáculo -usted y yo, a fin de cuentas-,
han pedido a los cuentos que alumbren su camino.
Y los cuentos les han proporcionado 
la luz que necesitaban...
Los cuentos son ancianos inmemoriales
y benévolos. Conocen la música
del corazón del mundo. Responden siempre
a nuestras preguntas, a poco que se lo pidamos,
con esa misma inocencia de la que están hechos.
(Henri Gougaud, Sabiduría de los cuentos: modo de empleo, poema-introducción al libro Cuentos de los sabios de África, de Amadou Hampaté Ba)

Hacer ver las cosas rodeadas del aura de su actualidad es más valioso, resulta mucho más fructífero (aunque sea indirectamente) que jugar la baza de las ideas de la educación del pueblo, en última instancia tan pequeñoburguesas.

La realidad, la existencia de las cosas es epifánica.
(Miguel Ángel Cuevas, hablando sobre Pier Paolo Pasolini y su cine en la introducción a su novela Chavales del arroyo)

Los hombres no saben estar solos, por eso forman agrupaciones absurdas.

La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan... de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados... Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto.
(Paul Valéry, citado por Zygmunt Bauman en el prólogo de Modernidad Líquida)

¡Uf! Tal vez demasiada cita literaria, ¿no?. Terminemos con una musical. Por que sí o porque no, y porque no había aparecido todavía en este blog, siendo uno de los grandes, con todos vosotros: ¡Caetano Veloso!

5 de diciembre de 2010

Comunidad (Conclusión)

Rompo mi promesa para compartir con vosotros mi resumen del epílogo del ya archiconocido (en este blog) Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil. Por otra parte, este post es una excelente excusa para recordar una bella canción de Bob Marley (hay que ser coherentes con la sociedad del espectáculo en que vivimos, aunque aquí debo pedir disculpas, ya que mis limitados conocimientos de sus aportaciones sociales no me permiten incluir video-citas de Belén Esteban).
“La inseguridad nos afecta a todos, inmersos como estamos en un mundo fluido e impredecible de desregulación, flexibilidad, competitividad e incertidumbre endémicas, pero cada uno de nosotros sufre ansiedad por sí solo, como un problema privado… Buscamos la salvación individual de problemas compartidos. Es improbable que esa estrategia logre los resultados que buscamos, puesto que deja intactas las raíces de la inseguridad; además, es precisamente ese recurso a nuestro ingenio y recursos individuales lo que introduce en el mundo la inseguridad de la que queremos escapar… En otro ejemplo de ilusión óptica, es nuestro propio yo el que creemos que está fuera del torbellino como el único punto estable en medio de un mundo volátil… De modo que tendemos a buscar un remedio para el malestar de la inseguridad en el cuidado de la seguridad… Cuando actuamos así empiezan a parecernos sospechosos quienes nos rodean”.

Frente a una comunidad-gueto que piensa en la seguridad/inseguridad como el principal problema y se refugia en el ailamiento, la construcción de una verdadera comunidad humana pasa, para Bauman, por reclamar “la igualdad y los recursos necesarios para reconvertir el destino de los individuos” que tienen reconocidos sus derechos pero no pueden ejercerlos y “ofrecer garantías colectivas frente a las incapacidades y desgracias individuales”:

“Todos necesitamos tomar el control sobre las condiciones en las que luchamos con los desafíos de la vida, pero para la mayoría de nosotros, ese control sólo puede lograrse colectivamente. Aquí… es donde más se echa en falta la comunidad; y es también aquí, para variar, donde está la oportunidad de que la comunidad deje de echarse en falta. Si ha de existir una comunidad en un mundo de individuos, sólo puede ser… una comunidad entretejida a partir del compartir y del cuidado mutuo”.

Bob Marley:

Miedo (II)

Como complemento a lo anterior, Bauman habla sobre Loïc Wacquant y su teoría sobre la guetificación de nuestras sociedades . Asegura que este fenómeno "es parte integral del mecanismo de tratamiento de residuos que a veces se pone en marcha cuando los pobres ya no son útiles como un ejército de productores de reserva y se han convertido en consumidores fallidos y por tanto inútiles… (el gueto es) un mero vertedero”. Junto a la guetificación, la criminalización de la pobreza: “existe un continuo intercambio de población entre los guetos y las cárceles”. De ahí nace otra contradicción que caracteriza de forma muy marcada la vida política de nuestras sociedades occidentales: una compulsiva preocupación por la seguridad ciudadana que enmascara la falta de asunción de políticas que ataquen la raíz del problema. Ahí, Bauman cita directamente a Wacquant:

"Los mismos partidos políticos, intelectualoides y profesores que ayer se movilizaron, con un éxito rápidamente observable, en apoyo del menos gobierno en lo que se refiere a las prerrogativas del capital y a la utilización del trabajo, demandan ahora, exactamente con el mismo fervor, más gobierno para enmascar y contener las deletéreas consecuencias sociales en los segmentos ingeriores del espacio social de la desregulación del trabajo asalariado y del deterioro de la protección social"

La ampliación del razonamiento a escala mundial es, creo, evidente: es más fácil desencadenar una guerra global contra el terror que no solucionar las situaciones de injusticia que propician (no digo que determinen, ni mucho menos, pero es evidente que contribuyen a) el alistamiento de multitud de personas olvidadas y ofendidas en el terrorismo internacional. Entre esas situaciones de injusticia ocupan dos lugares muy destacados la cuestión Palestina y la pobreza en la que vive gran parte de la población asiática y africana.
En fin, pese a todo, el show debe continuar. Prometo dejar de citar a Bauman (ya estoy terminando con el libro) y os dejo con Elvis (que, como todo el mundo sabe, está vivo).


Miedo

Sigo con Bauman y Comunidad. Es lo que tiene estar estudiando Teoría de la Cultura Contemporánea. El pensador habla del espíritu del gueto que se ha impuesto en nuestra sociedad, apoyándose en una referencia Sharon Zukin y Mike Davis y su libro City of Quartz. Los años setenta fueron, según Sharon Zukin, “un hito en la institucionalización de miedo urbano”. Se optó por “comprar protección” en lugar de aprobar medidas para eliminar la pobreza, gestionar la rivalidad étnica e integrar a todo el mundo en instituciones públicas comunes. Además, se instauró “la política del miedo cotidiano” que mantiene a la gente lejos de los espacios públicos y “los disuade de buscar el arte y las habilidades que se requieren para participar en la vida pública”.
Es, además (esto ya lo añado yo) una política rentable para los medios de comunicación, pues entronca con su objetivo de conseguir audiencia convirtiendo la información en espectáculo. Si no fuera así, ¿por que dedicarían tanto tiempo a las noticias de sucesos y a las informaciones sobre el tiempo, calificando de temporal cada dos por tres lo que no es más que la llegada del invierno, por ejemplo?
En fin, les dejo con Forges y con Rocío Jurado.

 

Orden global / Desorden local

El libro de Bauman que ya cité en la anterior entrada (Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil) es una joyita que no tiene ningún desperdicio. No me resisto a citar una frase más:

"El orden global precisa mucho desorden local `para no tener nada que temer´"

Que se lo pregunten, por ejemplo, a los habitantes del este de la República Democrática de Congo. Allí, en los últimos años, se ha librado una feroz guerra que ha causado más de cuatro millones de muertos. Tanto desorden  local ha servido eficazmente a la causa última del conflicto: saquear los ingentes recursos naturales del  territorio y aumentar las cuentas de resultados de importantes compañías transnacionales. Es decir, a garantizar el orden global.

Os dejo un enlace sobre esta cuestión, por si os resulta de interés: Mundo Negro/R.D. Congo

4 de diciembre de 2010

Nostalgia de la comunidad / El ángel de la historia

En su notable libro Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil, el polaco Zygmunt Bauman indaga sobre el sentimiento de inseguridad y pérdida que existe en un mundo en el que la verdadera comunidad ha desparecido. En una de sus páginas, citando al filósofo alemán Walter Benjamin, y su imagen del ángel de la historia, describe la historia de la humanidad como una inmensa huida hacia adelante. Una huida buscando un paraíso que hemos dejado atrás, engañados por la idea de un falso Edén: el progreso.

"Es como si la espada clavada al este del Edén todavía siguiera allí, amenazadora. Puede que ganes el pan con el sudor de tu frente... pero no habrá sudor que reabra la puerta derrada de la inocencia comunal..."

Dice Bauman que, a continuación, cita la descripción que Benjamin hace, inspirándose en un cuadro de Paul Klee, del ángel de la historia:

"Su faz está vuelta al pasado. Lo que a "nosotros" nos parece una cadena de acontecimientos, "él" lo ve como una única catástrofe que amontona incesantemente ruina sobre ruina, arrojándosela ante los pies. Él querría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el Paraíso sopla una tempestas que atrapa sus alas y que es tan fuerte que ya no le deja cerrarlas. Esta tempestad le arrastra constantemente hacia el futuro, al que da la espalda, mientra que el montón de ruinas que tiene ante él crece hasta el cielo".

Bauman apostilla:

"Walter Benjamin da a entender que el progreso no es una persecución de los pájaros del cielo, sino una necesidad frenética de huir de los cadáveres esparcidos por los campos de batalla del pasado".