6 de enero de 2012

Noche de Reyes (Apeman)

Los regalos de Reyes nos han llenado de ilusión. No veo la hora de meterme con la biografía de Lenin escrita por el historiador inglés Robert Service que me ha regalado mi chica. Tanto, que me pongo a leer casi en el mismo momento que el libro sale del papel de regalo lleno de color típico de estas entrañables fechas. En las primeras páginas, las del prólogo que firma Manuel Vázquez Montalbán, me encuentro con una frase estremecedora. Habla de los secretos sobre el régimen soviético que entonces (el texto es de principios de siglo) estaban saliendo a la luz tras la desintegración de la URSS. Y afirma:

"que estas revelaciones sean instrumentalizables por el ejército cultural vencedor en la Guerra Fría no quiere decir que dejen de ser necesarias para quienes consideren que la Historia no se merece el castigo de terminar en manos de telespeculadores monetarios capaces de decretar exterminios inteligentes por fax".



Como casi siempre, Vázquez Montalbán acierta en casi cada palabra. MVM sólo se equivocaba en una cosa: los exterminios no se ordenan por fax, sino haciendo click en el botón de una computadora o, incluso de un i-phone (viva Steve Jobs, ¡coño!).
En fin, permitidme que en esta noche de ilusión e ingenuidad me dirija a los Reyes Magos:

"Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar,
los regalos de este año me han encantado. Sin embargo, para el año que viene quiero algo totalmente distinto. Me gustaría pediros un mundo nuevo.
Atentamente,
Juan Ignacio"

Espero que los Reyes me hagan caso. Si no, seguramente, terminaremos volviendo a ser oscuros primates. Ya lo decían los Kinks.


5 de enero de 2012

Medios para el conflicto político (CRAG)

Acudo a mis estudios para enriquecer (a eso aspiro, al menos), el contenido de este blog. En el interesante artículo de Juan Jesús González sobre los resultados de las elecciones generales en España en 1996, 200 y 2004, este profesor de la UNED habla de "una tendencia de la democracia en general, y de la española, en particular, hacia lo que se ha dado en llamar democracia de audiencia... centrada en los medios". Inmediatamente después, constata: "el protagonismo cada vez más indiscutible de los medios no implica, por desgracia, la existencia de una esfera pública al servicio de un electorado juicioso y bien informado, sino un sistema mediático polarizado que, lejos de arbitrar y regular el conflicto político, se convierte en parte activa de dicho conflicto".
En román paladino, el profesor González apuntala mi idea (nada original, lo sé) de que los periodistas en España nos hemos metido en la trinchera (o echado al monte), intentado marcar, por encima de nuestras justas atribuciones de representación del derecho general de los ciudadanos a la información, la agenda política.
Aunque en ello sean especialistas los periodistas de la caverna (según afortunada expresión de José María Izquierdo), creo que muchos periodistas supuestamente progresistas o de izquierdas no podrían tirar la primera piedra si la condición para poder hacerlo fuese estar libre de pecado. Un pecado de soberbia con la que a menudo se mezclan los intereses económicos.
(Y dejadme poner un ejemplo. Hace poco hablaba con un amigo que trabaja en ABC y le comentaba que me sorprendía la radicalización ideológica del periódico en los últimos meses. Él me contestó: "Es que si no, La Razón y El Mundo se lo comen todo").
En fin, tristes tiempos para el periodismo, que se ahoga en el lodo de los intereses empresariales y los servilismos políticos -que no ideológicos. Tampoco es nada nuevo. Todas estás cosas ya las cantaban Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán antes incluso de la llegada de la democracia.


Claro, que no es mi canción preferida de CRAG. Sé que no viene a cuento, pero ahí va:

27 de diciembre de 2011

Cuerpos (humanos)

Antes que nada, una advertencia: no esperéis expansiones erótico festivas en este post. No va por ahí la cosa.
Quería hablaros de algo en lo que llevo pensando hace ya unas semanas, Pero hasta ahora no había encontrado el momento. A finales de noviembre tuve la suerte de conocer a Neil Sammonds, investigador de Amnistía Internacional sobre Siria. Neil es un inglés de poco más de 40 años, algo loco, que, por jugarretas del destino, aprendió árabe antes que español, que era su primera opción. En parte debido a ello, hace ocho años que investiga casos de violaciones de derechos humanos en Oriente Próximo. Visitó España por varios motivos y yo tuve la suerte de pastorearle amigablemente de una entrevista a otra y, entre un periodista y otro, conocerle un poco.
Me impresionaron muchas cosas de Neil. Pero, sobre todo, me impresionó una frase suya que hoy (milagros y aconteceres del subconsciente) ha aflorado de mi memoria. Creo que estaba en directo, en Hoy por Hoy, y Carlos Francino le preguntó acerca del Ejército Nacional Sirio, una fuerza creada por  desertores de las unidades militares del sangriento régimen de Bachar al Asad. Neil respondió que, efectivamente, tiene constancia de que existen opositores a la dictadura siria que están armados. Pero, inmediatamente, añadió: "La mayoría de los sirios contrarios al régimen se oponen a él con la única arma de sus cuerpos, saliendo a manifestarse en la calle, aún sabiendo que corren el riesgo de ser tiroteados por los soldados".


No voy a hacer una descripción de las atrocidades que el régimen sirio está cometiendo contra su población. Para eso ya están los informes de Amnistía Internacional, para quien trabajo, y de otras organizaciones. Dejadme sólo apuntar dos cosas: desde que comenzaron las revueltas en Siria, hace menos de un año, se calcula que más de 5.000 personas han muerto víctimas de la represión. En uno de los informes de Amnistía sobre las atrocidades del régimen, centrado en malos tratos y tortura en los hospitales, figuraba una frase estremecedora, dicha por un médico a su paciente: "no voy a curarte la herida del pie porque así, cuando se te gangrene, te lo tendremos que amputar".
Lo que quiero con este post es, de alguna manera, mostrar mi admiración por esas personas que luchan con la  única arma de sus cuerpos en las calles de Homs y Deraa, de El Cairo y Alejandría. Las que han luchado en las calles de Túnez o Bengasi. Y en las de Manama y Saná.
Resulta difícil olvidar, a poco que se haya mirado con atención, la imagen de la manifestante egipta brutalmente golpeada y casi desnudada por los militares que desde hace muchos días escupen fuego y rabia contra las personas que en la plaza de Tahrir y sus alrededores piden la democracia y el fin de la represión. 


En todo Oriente Próximo, cuerpos creados para el placer y la vida son diariamente maltratados, corrompidos de una u otra manera y tratados como deshechos, como escoria. No debería dejarnos indiferentes. La gente que clama por la democracia en Yemen, Egipto, Bahréin, Siria. La que lo hizo en Túnez y Libia no son desconocidos. Son nuestros hermanos de armas. Nuestros camaradas que, como nosotros, tienen a su disposición las únicas armas de su indignación y de sus cuerpos.

Fantasmas

No me gustan las películas de terror. Ni las series, tan de moda ahora. Cada vez que me siento a escribir frente a la ventana recuerdo (a menudo con un escalofrío) la escena de El misterio de Salem´s Lot en la que dos niños vampiro llamaban a través de la ventana a un niño humano protegido por el cristal para atraerle al lado oscuro. De hecho, no busco un enlace a la serie, basada en un libro de Stephen King, porque al hacerlo hace un minuto saltó una escena en Youtube y todavía estoy sobrecogido. Si sigo escribiendo es (como casi siempre, por otra parte) para exorcizar esos temores y temblores.
Mi yo inconsciente sigue siendo un niño miedoso que pasaba noches de insomnio acechando la oscuridad en busca de indicios de presencias sobrenaturales. No siempre, no penséis que era un neurótico perdido desde la infancia. He ido mejorando la técnica desde entonces.
Mi yo consciente, sin embargo, me dice que no son esos los temores a los que hay que temer. Esos miedos nos atenazan momentáneamente. A veces, hasta nos causan un secreto placer (no a mí, pero sí a mi chica, por ejemplo, que disfruta viendo American Horror Story -renuncio esta vez a buscar siquiera el enlace).
Los terrores y horrores más ominosos están en lo cotidiano. En el miedo al futuro, a la crisis, al jefe, a quedarse sin empleo. En el miedo (tan extendido en nuestra sociedad de ahora) a crecer, envejecer, asumir compromisos, ganar densidad y peso. Algo que, evidentemente, sólo se puede conseguir a fuerza de deshacernos de vaguedades, lugares comunes, ligereza. Mirando a la vida (y, por tanto, a la muerte, cara a cara).
Siempre que tengo miedo a algo (del más acá o del más allá) me repito la frase de Franklin Delano Roosvelt -ahora sí que me atrevo a buscar el enlace-, aquel presidente de los Estados Unidos que sacó a su país de la Gran Depresión y lo metió de cabeza en la Segunda Guerra Mundial: "sólo debemos de tenerle miedo al miedo". A veces, hasta me convenzo y espanto mis temores.
En fin, dejemos atrás fantasmas y agobios y pensemos que hoy puede ser un gran día. ¿No te parece, princesa?


26 de diciembre de 2011

Un año más - un año menos (obviedades)

Cumplo, en una tarde de pereza tras las comilonas navideñas, el ritual de pasar los datos de la agenda del año que se acaba a la del año que empieza. Es un ritual mecánico, que procuro hacer lo más leve posible. Sería bueno detenerse en las anotaciones, recordar aquella entrevista brillante que hice, aquella excursión a la montaña que me llenó de tanta paz. Pero no puedo, me puede el agobio de las muchas cosas que siento que tengo que hacer. Aún así, siempre surgen de las páginas del pasado las ensoñaciones de los buenos y malos -más de aquéllos que de estos- momentos que trajo con sí este 2011 renqueante.


Los años van pasando deprisa -enésima obviedad en este post lleno de ellas, es cierto- en esta vida que, como me dijo un amigo muy querido "es siempre milicia". El tiempo se distorsiona y cosas que sucedieron hace nada parecen haber perdido todo su brillo en la memoria y cosas que sucedieron hace mucho siguen estando ahí, en primer plano. Unas y otras cargan una mochila no tan pesada como densa, compacta. Cada vez más.


Una mochila de la que no puedo ni quiero deshacerme, pero que a menudo tengo que reordenar. Y, si me pongo a colocar las cosas en cada departamento, me doy cuenta de que ha sido un año bueno. Un año lleno de afectos y amigos. También de trabajo y de momentos de incertidumbre. Un año cargado de miedos y esperanzas en lo personal y lo social (crisis, elecciones, 15M). Un año de pasos definitivos, de cambios fundamentales.



La mujer que tengo a mi lado tiene mucho que ver con esto. Juntos hemos viajado, hemos discutido, hemos pasado tardes memorables y mañanas de desidia. Sobre todo, hemos crecido, alimentándonos el uno del otro.


Un año nuevo tiene que ver con proyectos, ilusiones, esperanzas. No son buenos tiempos para ninguna de estas palabras. Pero es fácil remar a favor de corriente. El temple de las personas se demuestra entonces, cuando hay que apretar los dientes y aguantar el viento y el frío. Los héroes de Conrad y de Stevenson, de Ford y Dumas, el teniente Blueberry y Corto Maltés sabían hacerlo.


Yo ya he renunciado a ser uno de ellos. Probablemente porque antes pensaba que lo que buscaba no existía y ahora pienso que tal vez si existe y lo he encontrado y no tengo que pasarme la vida escapando. Además, como decía Bob Dylan, "era mucho más viejo entonces; soy más joven ahora". Tal vez sea un iluso porque tengo una ilusión. Pero aspiro a defenderla para que no se desvanezca. Espero que vosotros podáis hacer lo mismo en este 2012 que se anuncia, inminente, en el horizonte.


En fin, dejemos atrás la cursilería con buenas canciones. En una mezcolanza un tanto extraña, pero no exenta de sentido, ahí van Vetusta Morla, Bob Dylan -en versión de The Byrds- y Lichis/La Cabra Mecánica. A ver si podéis digerirlo. Es un reto mayor que el de la cena de Navidad.



21 de diciembre de 2011

La política como servicio - Václav Havel in memorian

Supongo que trabajar en una organización de derechos humanos me está (re)(con)(de)formando. Al final, todas las experiencias de la vida lo hacen. Me fijo más en cosas que antes me fijaba menos. Mis (escasas) últimas lecturas fuera de los textos del Máster Política y Democracia tienen mucho que ver con los derechos humanos y con una suerte de íntimos (y tal vez absurdos, pero sentidos) homenajes a personas que fueron víctimas de abusos contra ellos.
Así, hace unos meses me devoré (es fácil hacerlo) Operación Masacre, una novela-reportaje (¿un reportaje-ficción? No lo sé, no he tenido tiempo de bucear en la intrahistoria del libro) de Rodolfo Walsh, un periodista de izquierdas argentino, presunto montonero según algunos (dato sin confirmar, insisto en la falta de tiempo) y, eso sí que está tristemente confirmado, desaparecido durante la última dictadura militar argentina (aprovecho, pese a que me doy cuenta de que realmente estoy llenando este post de minas en forma de parántesis, para hacer votos por que sea realmente la última). 
El libro de Walsh es una descripción casi notarial de la investigación que realizó sobre el fusilamiento de unos pobres diablos, presuntamente conspiradores contra el régimen argentino a finales de los cincuenta coincidiendo con el alzamiento de los generales Tanco y Valle. Muy recomendable y pavoroso.
Pero no era éste el libro del que os quería hablar. Os quería hablar del libro de memorias del ex presidente checoslovaco y checo Václav Havel. Un libro de memorias un tanto extraño y titulado humorísticamente Sea breve, por favor.
Aunque a los 19 años era bastante inconsciente como para darme cuenta del momento histórico que estaba viviendo, seguí con cierta atención todos los hechos de la Primavera del Este. Aquel verano mágico en que el Telón de Acero cayó. De las escasas y borrosas imágenes que guardo en mi memoria destacan tres. Por supuesto, la caída del muro.


No sé por qué (un psicoanalista tendría mucho que decir sobre esto, imagino), la imagen de Gorbachov recibiendo un beso asqueroso en la boca de Erich Honecker, el presidente de la Alemania comunista unos días antes de la caída del muro.



Y la tercera es la imagen de Havel saludando a la multitud que había llevado a cabo la revolución de terciopelo en la entonces Checoslovaquia, un país cuyo simple nombre me fascinaba. Me impresionó que ese tipo delgado, con cara de bon vivant, dramaturgo casi recién salido de la cárcel fuese llevado prácticamente en volandas hasta la presidencia de un país.


Havel murió hace pocos días y decidí rendirle homenaje leyéndome sus memorias. De ellas extraigo las siguientes frases, muy de triste (des)actualidad en los tiempos que corren:

"En innumerables ocasiones he tenido la oportunidad de convencerme de la importancia, en un Estado democrático, de que la política no sea una mera tecnología del poder, sino que dé un verdadero servicio a los ciudadanos, a poder ser desinteresado, fundado en ideales concretos y que atienda al orden moral por encima de nosotros, que perpetúe los intereses de la raza humana a largo plazo y que no sólo le inquieten las preferencias de la sociedad del momento; en definitiva, que se niegue a convertirse en un mero juego de diversos intereses particulares o fines pragmáticos".

En fin, ahí queda eso. Les dejo con Los Planetas (¿por qué? Pues porque sí, coño):

10 de diciembre de 2011

Postal desde Sigüenza - Los fantamas de la rondalla


No los esperábamos pero aparecieron. Entre las calles que el final del otoño envuelve de penumbras y misterio de Sigüenza. Eran un grupo nutrido de adultos y niños. No tan numeroso como animado y no tan virtuoso como entusiasmado. La sorpresa final de un maravilloso día de visita a una ciudad encantada, cada vez -lo que no deja de ser una desgracia- más sumida en su pasado de obispos-señores; señoritos de la nobleza baja que murieron en la Acequia Gorda de Granada sin apenas combatir, ahogados por el peso de su armadura; y milicianos que resistieron a las tropas golpistas inútilmente en la catedral para ser luego tiroteados antes y después de rendirse, mientras intentaban escapar por los huertos de la ciudad o cuando ya tenían los brazos levantados en el interior del tiempo y habían ondeado la bandera blanca.
Pero me he perdido. Me he puesto a hablar de fantasmas y se me olvidaron los fantasmas primeros, los que me llevaron a escribir fantasmas. Fantasmas de carne y hueso los que formaban la ronda que con sus villancicos y coplas animó los momentos finales de nuestra estancia en Sigüenza un día de fiesta apacible en el que nos dejamos arropar por el cariño de amigos nuevos y antiguos.
Tristemente, como decía Labordeta, "al paso que vamos, todo pa yermos". ¿Quién sabe si dentro de pocos años no quedará gente en Sigüenza para hacer rondas navideñas? Ya hay muchos pueblos de los que la gente que las hacía se fue hace mucho tiempo y pocos signos hay de que la marea que convierte en desiertos demográficos buena parte de la dura tierra de Castilla recule. Espero, como en tantas otras ocasiones, estarme dejando llevar por el pesimismo y que el futuro sea más brillante de lo que ahora luce. Les dejo con los fantasmas de la ronda y con el fantasma bueno de Labordeta.